Dos cuentos para un dolor

1.-Milagros



Un señor me dijo una vez que los milagros ocurren porque la gente los espera. Y agregó que su variedad es tan extensa que es imposible clasificarlos, enlistarlos, etc. Está bien que cuando este señor me hizo este comentario no existían las computadoras familiares, gracias a las cuales una persona si quisiera podría sentarse todos los días y agregar algún tipo de milagro, conocido de antes, recién aprendido, aprehendido o recordado. Acerca de la materia de la cual están hechos no hablamos, quizás porque yo pensaba en aquella época que de esas cosas no se habla, quizás porque al señor le aburría hablar del tema (lo vi bostezar dos o tres veces en el transcurso de la charla), pero si hablamos de las causas. Y después de enumerar una larga lista de sus posibles causas yo sentí dentro mío que quizás ellas eran parte de la sustancia de los milagros, y aún la sustancia misma. Pero después pasó el tiempo y me olvidé de esa charla, del señor y también de que en una época yo no osaba hablar de ciertos temas.

Y hoy sentada en el umbral de mi casa, lo recordé. Y recordé aquella lista de causas. Una, la que más me inquietó, era el dolor. Uno desea que ocurra un milagro cuando algo le duele. Los dolores son de diverso tipo, y aún cuando físicos alteran el espíritu de las personas. A veces nos duele algo que alguien nos hizo. Una actitud, una deslealtad, una estafa moral y de las otras. Pero siempre que nos duele, es porque esa persona nos importaba. A veces nos duelen cosas que nos pasan y aún cosas que no nos pasan. Es en esas ocasiones que uno espera que ocurra un milagro. Que desaparezca el dolor, el dolor que se instaló allí y no desaparece. Porque para las pc hay antivirus, pero no existe el antidolor, que podría ser una especie de dispositivo que colocado bajo la piel, nos ayude a prevenir el dolor, haciéndonos dar un paso al costado para evitar que este se estrelle contra nosotros, lo invada todo y se instale de una manera abrupta y desconsiderada dentro nuestro.

Otra causa –y esta me gustó- son las esperanzas de las personas. La gente muchas veces desea cosas que no puede tener, entonces espera que ocurra un milagro. Un milagro es un niño que nace cuando no se lo esperaba (y no digo deseaba), cuando los padres pensaron que aún deseándolo tanto era un imposible. Y no voy a dar otro ejemplo, porque el del niño me parece el más genuino de todos los que se me ocurrieron. Nace un niño muy deseado, pero imaginado como un imposible y eso es un milagro.

Una amiga muy seria y formal me dijo el otro día que en un país muy lejano que se encuentra al Norte, un grupo de señores con traje y corbata se encuentran sentados frente a las pantallas de sus computadoras, esperando que suceda un milagro. Pero de esos milagros no hablo porque desconozco el tema, aunque sospecho que como posiblemente el milagro esperado por ellos carece de sustancia nunca llegue a ocurrir.

La pequeña

Cuando ella nació su madre le escribió un poema que olvidé pero que hablaba de nubes de algodón y algodón de azúcar. Algo así como:”Mi pequeña, anda entre nubes de algodón y se alimenta de algodón de azúcar”. Cuando lo leí pensé que era peligroso que una niña tan pequeña anduviera sola por las alturas y que no era saludable que comiera algodón de azúcar, pero cuando leí el poema yo era joven y no entendía muy bien las metáforas. Después cuando fui mas grande llegué a entender algo de todo eso, pero no le vi la utilidad. Hoy sentada frente a la cuna de mi hija, mirándola mientras duerme, pensé en las nubes y los algodones de aquella pequeña y sentí un dolor en el pecho que me hizo llorar y desear desesperadamente que ocurra el maravilloso milagro de que mi pequeña pueda caminar entre nubes de algodón y alimentarse de algodones de azúcar.

María Garay 12/10/08

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